Vergüenza

Marina Weinberger

La pantalla de Cinemateca de la calle Camacuá, presagiaba una noche de encuentros. Sabía que él concurriría. Y la tormenta, no me iba a hacer  desistir de verlo. Cortina vertical de agua, relámpagos surcando el horizonte, iluminando la cara de dos adolescentes empapados y contentos de la lluvia que enamora. Noche sin viento pero con terrible conmoción lunar. La luz de los rayos y esperar el rodaje .Ya era la hora de comienzo. Ni la intensidad de la lluvia ni la oscuridad del barrio, consiguieron amainar la tormenta esperando el ruido del trueno prometido por la descarga lumínica. En esa época, luego de pasar la película, a veces con varios cortes, nos quedábamos con el director o alguno de los actores reflexionando sobre el tema, la actuación y hasta la fotografía. En general, con el director o algún actor, si el film era uruguayo. Llegamos justo a la hora que convenimos. Creo que el ruido de la tormenta se opacó por nuestra risa al vernos tan mojados. El pelo largo de él apenas le dejaba abrir los ojos permitiendo ver, a través del perfil iluminado, la abundante mata de pelo rojizo con enormes gotas que caían hasta las pestañas.

El poncho de lana que mi padre me había traído de regalo  de chile chorreaba agua, también el montgomery azul de él estaba en las mismas condiciones calamitosas. Colgamos  la ropa empapada en una baranda de la salita y un compañero nos arrimó una colcha  que no supimos nunca a quien agradecer.

Sentados en un escalón de la escalerita de acceso lateral  forrados con paño rojo, bastante gastado por el uso de tantos pasos como los nuestros, nos dispusimos a ver y pensar la película. Estaba en blanco y negro, era de Bergman y creo que se llama Vergüenza. No estoy segura. De lo que si me acuerdo es de su mano grande y tibia, que no soltó la mía durante toda la película. Recuperé la realidad cuando encima de los créditos, o debajo, flotaban un montón de muertos en un lago enorme.

Si así fue, Bergman me hizo sentir al los diecisiete años y sin mucha reflexión , lo que puede la lluvia, la risa  y su mano caliente en la mía. Salimos y seguía lloviendo, pero los muertos, aunque floten, no nos asustarán mas.